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¿Con el “Trumpalismo” Estados Unidos le ha dado la espalda al capitalismo de libre mercado?

por RedazionePublicado el
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Antes los republicanos creían que los gobiernos debían apartarse. Hoy, en cambio, Trump está haciendo sentir su influencia en cada rincón de la economía estadounidense.

Por Callum Jones (The Guardian)*

Cuando Ronald Reagan se convirtió en el primer presidente de los Estados Unidos en hablar en el Gran Salón del Pueblo chino en 1984, no desaprovechó la ocasión para explicar al público las ventajas del estilo de vida estadounidense. Resumió su ideología económica central y la de su partido republicano —según la cual los gobiernos deberían hacerse a un lado y dejar a las empresas, las industrias y los mercados espacio para prosperar, sin interferencias— en un simple mantra: confiar en la gente. De hecho, mientras el presidente Mao Zedong, fundador de la República Popular China, se había opuesto de forma fundamental al libre mercado y al capitalismo, Reagan sostenía que las sociedades que disfrutaban del "progreso más espectacular" eran aquellas en las que se había "permitido a las personas pensar por sí mismas, tomar decisiones económicas y sacar provecho de sus propios riesgos".

¿Qué habría pensado Reagan de un país que, en cuestión de pocas semanas, se ha convertido en el mayor accionista de un fabricante de microchips, ha exigido una reducción de las ventas al exterior de las empresas a cambio de licencias de exportación y ha despedido a un funcionario de la oficina de estadística después de que los datos del gobierno avergonzaran al partido en el poder? Solo en la última semana, altos cargos gubernamentales del país han presionado para ejercer el control sobre el banco central, han ordenado a un gigante tecnológico cerrar un acuerdo con un conglomerado mediático favorable a ellos; y han instado con éxito a una cadena de restaurantes a revocar un cambio de marca.

No, esto no es China, sino los Estados Unidos, bajo un presidente republicano, en 2025. Donald Trump, en lugar de adherirse a los principios del libre mercado —gobierno limitado y capitalismo sin frenos— que su partido ha defendido durante una generación, está haciendo sentir su influencia en todos los rincones de la América empresarial. Trump se ha asegurado una "golden share" en US Steel, al mismo tiempo que aprobaba la controvertida adquisición de la acerera por parte de Nippon Steel por 14,9 mil millones de dólares, y afirma que Corea del Sur aportará 350 mil millones de dólares para inversiones "propiedad de y controladas por los Estados Unidos, y elegidas por mí, en calidad de Presidente", como parte de un acuerdo comercial mediado por él.

Además, Trump ha convertido casi 9 mil millones de dólares en subvenciones para Intel en una participación del 10% en el fabricante de chips —según se dice, a cambio de su apoyo, tras pedir públicamente la dimisión de su CEO— y altos cargos de Trump han dejado entrever que otras empresas están en su punto de mira. Por si fuera poco, el presidente Trump está desafiando la independencia de la Reserva Federal y trata de hacerse con la mayoría en el consejo de administración del banco central. Esta semana incluso intentó despedir a uno de sus presidentes a raíz de acusaciones no confirmadas de fraude hipotecario, planteadas por un aliado dentro de su administración.

Además, Trump despidió al jefe del Bureau of Labor Statistics pocas horas después de que los datos oficiales revelaran una fuerte desaceleración del crecimiento del empleo bajo su supervisión, alegando sin pruebas que las cifras habían sido "manipuladas" (eligió a una ferviente partidaria suya para sustituirla). En vez de permitir que las empresas privadas hagan sus negocios, sin la intervención de funcionarios públicos y líderes políticos, el presidente Trump interviene con regularidad. En virtud de un "pequeño acuerdo" que cerró con Nvidia, la empresa con mayor valoración bursátil del mundo entregará el 15% de algunas ventas de chips en China. Apple, amenazada por el presidente con aranceles elevados, se presentó en la Casa Blanca con regalos: 100 mil millones de dólares en inversiones adicionales en Estados Unidos y un souvenir con una base de oro de 24 quilates.

Ningún asunto es demasiado pequeño para el presidente Trump. A comienzos de esta semana, Trump se entrometió en el debate sobre el nuevo logotipo de la cadena de restaurantes casual de tamaño medio Cracker Barrel, enviando a su subjefe de gabinete a hablar con la empresa y, en última instancia, ayudando a convencerla de revocar la decisión, semanas después de haber empujado a Coca-Cola a lanzar una bebida con azúcar de caña en lugar de jarabe de maíz. Mientras tanto, el partido republicano de Trump sigue acusando a sus adversarios políticos de intentar erosionar el capitalismo, de perseguir el socialismo y de amenazar con socavar el libre mercado. La propuesta de Zohran Mamdani, candidato demócrata a la alcaldía de Nueva York, de crear cinco supermercados de propiedad municipal, es "sacada directamente del manual marxista", según el congresista republicano Mike Lawler. "Los neoyorquinos merecen soluciones, no fantasías socialistas que han fracasado estrepitosamente cada vez que se han puesto a prueba", sostuvo Lawler el mes pasado. El senador de Kentucky Rand Paul figura entre los republicanos más destacados que sugieren lo contrario. "Si en el socialismo es el gobierno quien posee los medios de producción, ¿el hecho de que el gobierno posea una parte de Intel no sería un paso hacia el socialismo?"

Llamémoslo Trumpalismo. Las ideologías económicas suelen basarse en principios, desde los fundamentos del libre mercado del capitalismo hasta los pilares socialistas de la propiedad y el control colectivos. Pero esta —forjada por un hombre que rara vez permite que posturas fundamentales a largo plazo le impidan decir o hacer lo que quiere a corto plazo— es distinta. La ausencia de una posición sobre si el gobierno federal debería haber adquirido participaciones en empresas manufactureras o haberlas dejado quebrar fue un primer ejemplo de trumpalismo. La ideología pasa a segundo plano frente a los instintos y los impulsos de un presidente autoritario, semana tras semana. El partido republicano con el que crecieron los ciudadanos estadounidenses —los republicanos de Reagan— con Trump ha muerto y enterrado.

* Traducido, adaptado y maquetado desde https://www.theguardian.com/us-news/2025/aug/30/chairman-trump-us-economy

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