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Cúpula del Capitolio de Estados Unidos en Washington con la bandera estadounidense
Ramaz Bluashvili / Pexels · Pexels License

Midterm en EE. UU., tres escenarios para tipos, bolsas, dólar y oro. La agenda de Trump en política exterior está destinada a durar

Un Congreso dividido podría frenar nuevas expansiones fiscales; una victoria demócrata en ambas Cámaras reforzaría el control sobre la administración; una confirmación republicana reabriría el espacio para la agenda de Trump. Para los mercados, pesarán sobre todo las consecuencias sobre inflación, deuda y beneficios, junto con la distancia entre el resultado y las expectativas

por RedazionePublicado el
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Las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre no cambiarán al inquilino de la Casa Blanca, pero sí podrán modificar profundamente las condiciones en las que Donald Trump gobernará los dos últimos años de la presidencia. Para los inversores, la cuestión gira en torno a la posibilidad de aprobar nuevas medidas fiscales, financiar el gasto federal y gestionar una deuda que sigue exigiendo fuertes emisiones de bonos. El resultado electoral influirá en estos equilibrios, sin sustituir a los factores que determinan el valor de las inversiones: crecimiento económico, inflación, política monetaria y capacidad de las empresas para generar beneficios.

En vísperas de la votación, los análisis consultados otorgan a los demócratas una ventaja en la Cámara, mientras que el Senado sigue más disputado. La conservación de ambas mayorías por parte republicana aparece así como el escenario menos favorable, aunque conviene tenerlo igualmente en cuenta en el análisis. También sería un resultado potencialmente capaz de sorprender a los mercados: un desenlace esperado puede provocar movimientos contenidos, mientras que uno menos probable puede desencadenar un reposicionamiento más amplio.

El punto de partida: los tipos no se deciden en el Congreso

El 28 de octubre la Reserva Federal mantuvo el tipo de referencia en el intervalo 3,75–4%, describiendo una economía aún en expansión y una inflación elevada. Este marco limita la posibilidad de leer las elecciones como la antesala automática de una rebaja de tipos: el banco central tendrá que valorar cómo las políticas posteriores a la votación modifican la demanda, el empleo y los precios.

Conviene además distinguir entre el tipo fijado por la Fed y las rentabilidades de los Treasury. Las de corto plazo son especialmente sensibles a las expectativas sobre política monetaria; en los vencimientos largos también pesan la inflación futura, la cantidad de deuda que debe ser absorbida y la prima que exigen los inversores por inmovilizar el capital en el tiempo. Por tanto, podrían bajar las expectativas sobre los tipos oficiales sin que se produzca un descenso similar en los rendimientos a treinta años. Para quien posee bonos, la distinción es esencial: cuando aumenta la rentabilidad exigida, el precio de los títulos ya emitidos cae, con efectos generalmente mayores en las duraciones largas.

Primer escenario: los republicanos conservan una sola Cámara

El primer escenario es el de un Congreso dividido. La hipótesis más intuitiva es una Cámara demócrata junto a un Senado republicano, pero también la configuración opuesta supondría un obstáculo significativo para nuevas leyes. Para aprobar cambios importantes en impuestos y gasto hace falta, de hecho, que pasen por ambas cámaras. La diferencia afecta sobre todo a los nombramientos: un Senado todavía republicano conservaría para Trump una vía más favorable para las confirmaciones, mientras que su pérdida haría ese camino más difícil.

Para tipos y bonos, el efecto potencialmente favorable derivaría de una menor probabilidad de nuevas medidas fiscales expansivas sin cobertura. Si el mercado rebajara las expectativas de crecimiento del déficit y de la inflación, los Treasury podrían beneficiarse. Pero bloquear nuevas iniciativas no significa corregir automáticamente los desequilibrios existentes: las emisiones seguirían siendo elevadas y las negociaciones sobre la financiación del Gobierno podrían volverse más conflictivas. Un Congreso dividido podría así atenuar un riesgo y aumentar otro.

Para la renta variable, cierta estabilidad legislativa podría recibirse positivamente, porque reduciría la probabilidad de cambios radicales en la fiscalidad empresarial. El eventual descenso de las rentabilidades también ayudaría a las valoraciones de los títulos más sensibles al coste del capital. Sin embargo, las empresas que confían en nuevos incentivos o grandes programas de gasto podrían ver rebajadas sus perspectivas. El beneficio sería, por tanto, selectivo, sobre todo si la incertidumbre sobre las cuentas federales frenara pedidos e inversiones.

En el mercado de divisas, unos rendimientos estadounidenses menos firmes podrían debilitar al dólar, a igualdad de condiciones en Europa y en las demás economías. No obstante, una mayor confianza en la estabilidad institucional estadounidense podría sostenerlo. Para el oro, unos tipos reales más bajos representarían una posible ventaja, mientras que la menor incertidumbre política podría reducir la demanda de cobertura. No existe, por tanto, una única dirección obligada para el dólar y el metal precioso.

En el plano internacional, Trump conservaría la iniciativa diplomática, pero tendría que negociar con la oposición la financiación de la ayuda exterior y de los compromisos militares. Las tensiones con aliados y competidores podrían por tanto continuar, sin que un Congreso dividido garantice una política exterior más moderada.

Segundo escenario: la Cámara y el Senado pasan a los demócratas

La pérdida de ambas mayorías supondría una limitación más incisiva para Trump, con mayores posibilidades de control parlamentario y un recorrido más difícil para los nombramientos sujetos a la confirmación del Senado. Pero no equivaldría a la llegada de una administración demócrata: el presidente conservaría el veto y los demócratas no podrían presumir de superarlo con una mayoría simple. Además, el nuevo Congreso no entraría en funciones hasta enero de 2027: la reacción inmediata de los mercados anticiparía cambios institucionales posteriores.

El control demócrata podría limitar nuevas iniciativas fiscales republicanas, sin borrar automáticamente las ya aprobadas. Trump conservaría además instrumentos ejecutivos en materia comercial, regulatoria y de política exterior, dentro de los límites de las leyes y de las decisiones judiciales. Sería, por tanto, exagerado concluir que una derrota parlamentaria elimine el riesgo de nuevos aranceles o de tensiones internacionales capaces de influir en los precios. Parte de la incertidumbre podría simplemente desplazarse del proceso legislativo a las iniciativas presidenciales.

Para los Treasury, una menor probabilidad de una nueva expansión fiscal podría favorecer un descenso de las rentabilidades y una recuperación de los precios, sobre todo en los vencimientos más sensibles. Sin embargo, este resultado exigiría que los inversores lean la nueva configuración como una contención del riesgo fiscal. Si, por el contrario, predominan los choques sobre las partidas presupuestarias, las amenazas de cierre administrativo y las dificultades para gestionar los vencimientos presupuestarios, la prima exigida sobre los bonos podría aumentar. Un shutdown y una crisis sobre el techo de deuda son acontecimientos distintos, pero ambos pueden alimentar la incertidumbre.

Para las Bolsas, el desenlace podría ser favorable si redujera el riesgo de sorpresas políticas sin comprometer el crecimiento ni los beneficios. Serían, en cambio, penalizadores un conflicto institucional persistente o una percepción de parálisis ante una desaceleración económica. Un aumento generalizado de los impuestos societarios no debería darse por descontado: requeriría una ley y el enfrentamiento con el presidente. No obstante, un mayor escrutinio parlamentario podría aumentar la volatilidad de los sectores expuestos a las decisiones públicas.

El dólar podría perder terreno si disminuyen los diferenciales de rentabilidad a favor de Estados Unidos; en cambio, podría reforzarse en una fase de aversión global al riesgo. Para el oro, la combinación más favorable sería la de rentabilidades reales a la baja y tensiones institucionales persistentes. Un Congreso demócrata percibido como elemento de estabilización podría, por el contrario, reducir parte de la demanda defensiva. También en este escenario, la dirección dependería de cómo el resultado se traduzca en decisiones concretas.

En el plano internacional, un Congreso demócrata podría condicionar más estrechamente los recursos, los nombramientos diplomáticos y el apoyo a los socios internacionales, elevando el coste político de las decisiones presidenciales. Trump, no obstante, mantendría márgenes de acción significativos: el pulso con el Parlamento podría favorecer compromisos o acentuar la imprevisibilidad, con efectos sobre la energía, el dólar y el oro.

Tercer escenario: los republicanos mantienen ambas mayorías

Una confirmación republicana en la Cámara y en el Senado ofrecería a Trump unas condiciones más favorables para continuar con la agenda legislativa. No sería un poder sin límites: mayorías estrechas, divisiones internas y procedimientos parlamentarios seguirían contando. Pero el mercado tendría que reevaluar la posibilidad de nuevas medidas fiscales, desregulación e intervenciones sectoriales, especialmente si ya hubiera descontado un Congreso dividido o totalmente demócrata.

La renta variable podría reaccionar inicialmente de forma favorable ante perspectivas de menos trabas y medidas capaces de sostener los beneficios. Sin embargo, si la agenda se interpretara como fuente de mayor déficit, inflación y rentabilidades obligacionarias más altas, parte de esa ventaja podría disiparse. También dentro de la Bolsa emergerían diferencias: lo que favorece los beneficios de algunos sectores puede aumentar los costes de otros, mientras que unos tipos más altos pesan sobre las empresas endeudadas y sobre las valoraciones más exigentes.

Para los Treasury, unas nuevas expectativas de expansión fiscal podrían ejercer presión sobre los precios, sobre todo en los vencimientos largos. El dólar podría beneficiarse inicialmente de rentabilidades superiores, pero perder apoyo si el aumento reflejara un deterioro de la confianza en las finanzas públicas. Para el oro se opondrían dos fuerzas: el posible obstáculo de unos tipos reales y un dólar más fuertes y el respaldo derivado de las preocupaciones sobre deuda, inflación y política internacional. Los análisis sobre el cruce consultados discrepan precisamente en este punto, mostrando hasta qué punto importa la naturaleza del movimiento de las rentabilidades.

En el plano internacional, la continuidad de las mayorías facilitaría el apoyo legislativo y financiero a la política exterior de Trump, aunque sin eliminar las divisiones internas del partido. Para los mercados aumentaría el peso de las decisiones concretas sobre China, las alianzas y los conflictos: los acuerdos diplomáticos podrían reducir la prima de riesgo, mientras que nuevas escaladas la reforzarían.

Cómo interpretar la reacción después de la votación

La primera distinción será entre alivio por el final de la incertidumbre electoral y cambio duradero del escenario económico. Una subida de las Bolsas en las primeras sesiones no demostraría que el resultado mejore estructuralmente las perspectivas; podría reflejar el cierre de posiciones defensivas. Del mismo modo, un descenso inicial de las rentabilidades habrá que compararlo con la inflación esperada y la prima por riesgo fiscal, para entender si el mercado está descontando una mayor estabilidad o un menor crecimiento.

Para un inversor italiano también cuenta la divisa. Un Treasury puede subir en dólares y ofrecer un resultado menos favorable en euros si la moneda estadounidense se debilita. La misma distinción vale para las acciones y el oro: el rendimiento del activo subyacente y el de la divisa se combinan, mientras que una cobertura cambiaria modifica la exposición y supone costes.

La variable decisiva será la credibilidad del equilibrio entre crecimiento, inflación y deuda. Un Congreso dividido podría contener nuevas iniciativas sin resolver los desequilibrios; una doble victoria demócrata reforzaría los contrapesos, con el riesgo de conflictos más duros; una confirmación republicana ampliaría el margen de actuación, exponiendo más a los mercados a las consecuencias de las políticas aprobadas. Acciones, bonos, dólar y oro reaccionarán a la sostenibilidad de estos recorridos, no solo al color de las mayorías.

Análisis de escenario basado en la información disponible al 31 de octubre de 2026. Los efectos descritos son condicionales y no constituyen previsiones ciertas.

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