
Massimo Taddei: la economía nos lanza señales, pero las ignoramos. He aquí por qué “las cuentas no salen”
“El dictamen de la economía es el mismo que el de un médico que trata desesperadamente de convencernos de que atendamos las señales que nos sugieren cambiar de estilo de vida e invertir así la tendencia”.
artículo y entrevista de Alessio Cardinale
En los últimos veinte años, la terminología económica se ha impuesto de forma notable en el habla común, y cada vez con más frecuencia palabras como PIB, inflación, el anglosajón spread, el misteriosísimo cuña fiscal (que no es una figura geométrica inventada por la Agencia Tributaria) y términos como evasión y elusión fiscal —de los que muchos no conocen la diferencia— han encontrado una amplia difusión por todas partes, desde las charlas de bar hasta las redes sociales, pasando por los periódicos y los debates televisivos. En todos estos canales de comunicación, opiniones contrapuestas se enfrentan en singular duelo sobre fenómenos económicos que inciden en la vida de todos, pero a menudo lo hacen con poca preparación sobre los números.
La mayor parte de las veces, de hecho, el debate se basa en sensaciones, opiniones e ideologías personales, rara vez respaldadas por un conocimiento profundo de la materia y, sobre todo, por pruebas objetivas. Y así, cuando se citan, los números resultan casi siempre confusos, contradictorios, parciales e incompletos, readaptados a la propia opinión o a la propia interpretación de parte política. En particular, se tiende a ignorar la comparación entre las magnitudes nacionales y las del contexto continental en el que nos encontramos. Por ejemplo, los informativos del país gustan de informar de los datos sobre el desempleo italiano en mínimos históricos, pero casi nunca dicen que nuestra tasa de ocupación es inferior en casi diez puntos a la media de la eurozona; o que somos el único país europeo en el que, en los últimos 35 años, los salarios reales han disminuido; o también que el altísimo nivel de desempleo juvenil repercute en el sistema de previsión y pensiones.
Estas maneras de contar la economía ofrecen a los ciudadanos una información muy parcial, en la que las noticias positivas —pero incompletas— chocan luego con los datos de la realidad. La lectura atenta de los números, por tanto, puede “salvar” el debate sobre la economía de una carga excesiva de opiniones e interpretaciones erróneas, y eso es precisamente lo que Massimo Taddei* (en la foto) se propone hacer con su libro “I Conti Non Tornano” (Rizzoli, febrero de 2025, 228 págs.), en el que se parte del concepto de estancamiento económico para explorar las causas que nos han llevado a dejar de crecer; todo ello a través de más de 50 gráficos explicados con gran claridad. P&F ha entrevistado al autor, planteándole algunas preguntas sobre asuntos que a menudo se debaten precisamente sobre la base de sensaciones no respaldadas por los hechos.
Doctor Taddei, intentemos desmontar un mito: la entrada en la Unión Monetaria Europea ha contribuido, directa y/o indirectamente, a que en Italia no hayan crecido los ingresos reales, o no?
¡No! La entrada en la UE ha sido en realidad una gran ventaja para nuestro país, que ha podido acceder a un área económica unida, sin aranceles y con reglas comunes. Lo que nos ha perjudicado es que se haya vuelto cada vez más difícil “hacer trampas” para impulsar nuestras exportaciones. Antes de la llegada del euro, nuestro banco central tendía a devaluar la lira para conseguir que nuestros productos costaran menos a quienes compraban con moneda extranjera. Se trata de un método que tiene muchas consecuencias negativas sobre la economía nacional, pero favorece a las empresas de bajo valor añadido, que pueden competir gracias a una moneda de menor valor. Con el euro, eso ya no se puede hacer y esas empresas entraron en dificultades. Sin embargo, han tenido más de veinte años para reinventarse y ahí siguen, en dificultades. ¿Estamos seguros de que es culpa del euro?
Dejemos espacio a la imaginación: ¿dónde estaría hoy Italia fuera de la Unión Europea y con la lira? Ventajas y desventajas.
Con Economika hemos intentado contar esta hipótesis en un vídeo. En pocas palabras, salir hoy sería un desastre porque el funcionamiento de nuestra economía está íntimamente ligado a la moneda única y abandonar ese marco sería un trauma gravísimo. Si hubiéramos permanecido fuera desde el principio, quizá hoy las cosas no serían tan problemáticas, pero es probable que nuestro PIB hubiera sufrido incluso más de lo que ha sufrido en las últimas décadas. La permanencia en la moneda única, por ejemplo, ha sido fundamental para dar confianza a los mercados durante la crisis de las deudas soberanas. Seguiríamos teniendo la ventaja de poder devaluar la lira, pero el control sobre la moneda, para un país relativamente pequeño y con una divisa insignificante como la lira, no habría sido particularmente útil.
Actualmente, ¿cuál es la diferencia retributiva, a igualdad de funciones laborales o de empleo, entre los trabajadores italianos y los europeos?
Por desgracia no es tan sencillo responder a esta pregunta, porque no es fácil definir qué significa “a igualdad de funciones o de empleo”. Pero sí podemos ver cómo ha evolucionado la brecha salarial media, es decir, cuánto ganan de menos los italianos de media respecto a los trabajadores de otros países europeos. Por ejemplo, en 2008 los empleados alemanes tenían salarios netos un 26 por ciento superiores a los de los italianos, mientras que hoy esa diferencia ha subido al 57 por ciento. Por desgracia, la comparación es similar con la mayoría de los países.
En términos de poder adquisitivo, ¿cuánto ha pesado hasta ahora el estancamiento de los ingresos reales para el italiano medio?
Muchísimo. De hecho, nuestros ingresos se han quedado igual que hace 30 años. De media. Sabemos que no todos han perdido poder adquisitivo: sobre todo quienes ganan mejor, también porque tienen mayor poder de negociación, han visto crecer su remuneración. Si el nivel medio se mantiene inalterado, sin embargo, significa que ese crecimiento no ha afectado a todos, al contrario. Los aumentos de algunos han sido compensados por una pérdida neta de poder adquisitivo por parte de otros trabajadores (en particular, los jóvenes).
En Italia se tolera que a los jóvenes se les ofrezcan salarios por hora humillantes en comparación con el resto de Europa. ¿Esta práctica es una necesidad implícita expresada por el mercado laboral para poder generar empleo, o una simple forma de explotación de la mano de obra joven?
Es una combinación de muchas cosas. Sin duda, las empresas italianas, que facturan menos, tienen menos recursos a disposición para pagar a los empleados. El hecho es que a menudo los empresarios no se plantean el problema de facturar más para poder ganar más. Está bien, hacer empresa en Italia es muy difícil, el gasto en consumo es más bajo, etc. Al mismo tiempo, sin embargo, parece que la gente está convencida de que estas dificultades son fruto de algún diseño divino y no es consciente de las verdaderas causas de estos problemas. El libro trata de mostrarlas, para poder actuar en primera persona y cambiar las cosas.
¿Qué impide hoy a nuestro sistema económico elevar los salarios medios y controlar al mismo tiempo los posibles efectos negativos (p. ej., mayor consumo interno, aumento de los precios al consumo)?
La productividad. Para distribuir más recursos tenemos necesariamente que producir más. Eso puede hacerse de dos maneras: aumentando los inputs, es decir, el número de trabajadores o de recursos que utilizamos para la producción, o mejorando nuestra capacidad para utilizar esos inputs de forma eficiente, es decir, la productividad. De media, los trabajadores italianos producen en una hora la misma cantidad de bienes y servicios que producían hace treinta años, mientras que en Alemania la eficiencia productiva ha aumentado un 16%. Mientras no generemos esa “porción extra” respecto a lo que producimos ahora, nunca podremos aspirar a repartir más valor entre los ciudadanos.
Después de 35 años de falta de crecimiento de los ingresos reales, y tras asistir a la desaparición sustancial de la clase media, se ha extendido entre los italianos un sentimiento de desconfianza hacia nuestro sistema económico y de resignación ante las adversidades del mercado laboral. ¿Lograremos volver a confiar en nuestra economía?
Sí, pero solo si decidimos bajarnos de la máquina de los sueños. La economía no es arbitraria, sus leyes no vienen impuestas desde arriba ni siguen una lógica casual. La economía se limita a describir la realidad e interpretarla. Desde hace décadas nos envía señales que decidimos ignorar, como si vinieran de un “búho”. En realidad, el dictamen de la economía es el mismo que el de un médico que trata desesperadamente de convencernos de cambiar de estilo de vida porque todas las señales lo sugieren. Cuando decidamos atenderlas, quizá también logremos invertir la tendencia.
* Periodista económico, cofundador y director de Economika (grupo Starting Finance)
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