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Divide et Impera acto II: el alcance estratégico de la visita de JD Vance a Italia e India

por Valerio GiuntaPublicado el
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La visita de Vance del pasado abril a Italia e India no fue un simple viaje diplomático, sino una maniobra estudiada para realinear los equilibrios globales.

por Valerio Giunta, CEO de Startup Italia y Founder de Banking People

En materia de dinámicas geopolíticas globales, conviene analizar en profundidad el "extraño viaje" de Vance el pasado abril, a Italia y India. Esta visita, de hecho, encarna la doctrina imperial anglosajona del "divide et impera", y por ello apunta a dividir bloques rivales y a reforzar la influencia estadounidense en Europa y en Asia. Algo así como el juego del policía bueno y el malo, representados respectivamente por Vance y Trump. Veamos por qué este viaje, pasado prácticamente inadvertido, reviste un interés extraordinario.
En público, la agenda hablaba de "reforzar los lazos entre las mayores democracias del mundo", pero algunos observadores leyeron pronto en la misión una señal más profunda: el intento de la administración Trump de restaurar un liderazgo estadounidense eficaz mediante la división selectiva de bloques rivales. No en vano Italia, eslabón débil de la UE, e India, potencia ambivalente aún oscilante entre los BRICS y Occidente, fueron las dos únicas escalas elegidas.
Italia entre atlantismo y ambigüedad estratégica
Históricamente, Italia ha sido un terreno de confrontación entre potencias externas. Hoy es ya un hecho asentado que, durante la Guerra Fría, la CIA financió a la Democracia Cristiana contra el PCI para evitar que este último entrara en el gobierno ya desde las elecciones de 1948; mientras que, en los años siguientes, operaciones clandestinas como Gladio buscaban frenar el ascenso de la izquierda. Episodios clave como el asesinato de Aldo Moro (1978) pueden inscribirse en la misma lógica destinada a impedir el compromiso histórico, mientras que el choque de Sigonella (1985) con los Estados Unidos muestra hasta qué punto el control de Italia se consideraba crucial. La caída de Craxi y la implosión de la Primera República, Mani Pulite etc., son leídas por algunos como el resultado de una reconfiguración posterior a la Guerra Fría, y demuestran una vez más que en Italia no se gobierna sin el placet de Estados Unidos.
Con Giorgia Meloni, líder soberanista y pragmática, Italia ha asumido un doble papel: socio atlántico, pero interlocutor aparentemente alineado con las posiciones oficiales de la UE. La visita de Vance a Roma reforzó la percepción de esta ambigüedad. Pese a que Meloni representó a Europa en los coloquios con Trump, luego fue excluida de la delegación europea de los "voluntarios" convocada por Zelensky: señal de que Bruselas y París no confían plenamente en la posición italiana, considerada demasiado vinculada a Washington. Hoy Italia es cortejada por Estados Unidos para romper las convergencias europeas en el plano comercial y estratégico, y Roma trata de sacar provecho de este papel ambivalente.
La India entre equilibrios multipolares y soberanía económica
El caso de India es aún más emblemático. Por un lado, Delhi participa en el Quad (con Estados Unidos, Japón y Australia), firma acuerdos de defensa (como el BECA con Washington) y refuerza la cooperación en semiconductores y ciberseguridad; por otro, sigue vinculada a Moscú, de donde importa armamento (como los sistemas S-400) y crudo a bajo coste. En 2024 Rusia se convirtió de hecho en el primer proveedor de petróleo de India (unos 2 millones de barriles al día), y India evitó sanciones sin dejar de sostener una narrativa de "neutralidad activa". Durante la visita de Vance, se alcanzaron compromisos cruciales: una hoja de ruta hacia un acuerdo de libre comercio por 500.000 millones de dólares antes de 2030, cooperación en defensa y tecnología, y suspensión temporal de los maxi aranceles estadounidenses. Pero lo que destaca es el enfoque bilateral —fuera de los foros multilaterales—: Washington trata directamente con Delhi, esquivando a la WTO y otras instancias oficiales, mostrando hasta qué punto India es considerada una pieza central en la contención del eje alternativo China y Rusia.
La crisis en Cachemira: primera consecuencia estratégica
A los pocos días de la visita de Vance, estalló una nueva crisis en Cachemira entre India y Pakistán. Aunque ligada a tensiones históricas, el momento deja margen para lecturas estratégicas. China, socio de Pakistán, ha defendido Islamabad con medios militares y diplomáticos: los cazas J-10 suministrados por Pekín se utilizaron en acciones bélicas en defensa del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) que atraviesa los territorios en disputa, irritando a Delhi (que con sus Raphael franceses,

cazas todavía de 4 generaciones adquiridos a un precio altísimo, quizá haya comprendido que no está precisamente preparada para un enfrentamiento armado...). Estados Unidos, en cambio, ha mantenido un perfil bajo, aunque reiterando en declaraciones públicas la importancia de la desescalada. Su atención está claramente puesta en consolidar el entendimiento con Modi y empujar a India hacia el frente anti-chino. En este contexto, el conflicto regional puede convertirse en una prueba de fuego para la lealtad india y para el nuevo orden global. No en vano, Modi tuvo otros compromisos y no asistió al desfile de la victoria celebrado en Moscú.
El eco de una estrategia imperial
El viaje de Vance no produjo, por tanto, solo acuerdos económicos y declaraciones conjuntas: reactivó dinámicas de presión selectiva y de equilibrio que evocan modelos históricos de gestión geopolítica. Italia, como puente frágil entre la UE y Estados Unidos, e India, como mediador entre bloques rivales, representan para Washington instrumentos fundamentales para contener el fortalecimiento del eje sino-ruso y de una Europa unida. Las crisis surgidas de inmediato —como el conflicto indo-pakistaní— son el termómetro de las tensiones que esta política genera inevitablemente. Pero para Estados Unidos son pasos fundamentales para seguir moldeando el desorden global según sus propios intereses.

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