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La IA es una revolución industrial: entre entusiasmos y excesos, apostar por el largo plazo

por Francesco MegnaPublicado el
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En el plazo de dos años, la inteligencia artificial ha pasado de ser una curiosidad de laboratorio a convertirse en el motor de los mercados globales. Detrás del entusiasmo, una pregunta: ¿las acciones de la IA valen de verdad tanto?

Por Francesco Megna*

Desde la salida de ChatGPT en 2022, todo el ecosistema tecnológico, desde los gigantes hasta los pequeños desarrolladores, ha tomado la senda de la automatización inteligente. Las empresas que proporcionan la infraestructura de esta revolución, como Nvidia, Microsoft, Amazon, Google y Super Micro Computer, han visto dispararse sus acciones.
Los inversores hablan de una nueva "edad de oro digital", pero detrás del entusiasmo se desliza una pregunta: ¿las acciones de la IA valen de verdad tanto?

Las cifras cuentan una historia clara: muchas compañías vinculadas a la IA cotizan a múltiplos de beneficios nunca vistos en los últimos años. Nvidia, por ejemplo, tiene beneficios sólidos, pero el crecimiento parece ya "descontado" por el mercado, y esto podría exponer el título al peligro de una corrección profunda en determinadas condiciones de mercado; Super Micro está viviendo una expansión rápida pero cíclica; Microsoft, en cambio, crece de forma sólida, con ingresos diversificados. Mientras tanto, el sector de los semiconductores IA muestra una relación precio/ventas en máximos desde los tiempos de la burbuja dot-com. Y, sin embargo, las empresas implicadas hoy no venden solo sueños, sino que generan beneficios y dominan los mercados.

Hay que decir que toda nueva tecnología genera entusiasmo, pero también excesos. Hoy, prácticamente cualquier empresa tecnológica se define como "AI-powered", incluso cuando la inteligencia artificial es más marketing que sustancia. En Bolsa, la atención se concentra en unos pocos valores: Nvidia y Microsoft por sí solas representan una cuota cada vez mayor de la capitalización total del S&P 500. Una señal de fortaleza, pero también de fragilidad sistémica, si el mercado cambiara de rumbo.

Claro que no todas las empresas de IA son iguales, y los analistas distinguen entre quienes venden “picos y palas” - es decir, infraestructuras como chips, nube y centros de datos - y quienes desarrollan aplicaciones todavía en busca de un modelo de negocio. En el primer grupo, empresas como Nvidia, Microsoft y Amazon cosechan beneficios concretos; en el segundo, compañías como Palantir o muchas startups cotizadas viven más de expectativas que de beneficios. Y, sin embargo, según varios analistas, la situación no es comparable con la de 2000, cuando cualquier empresa que se hubiera cotizado en el Nasdaq y hubiera tenido el sufijo “net” en su denominación habría visto crecer el valor de sus acciones 100 veces, en total ausencia de beneficios de cualquier tipo. Entonces, en efecto, muchas empresas de Internet no tenían ingresos ni clientes; hoy, la IA genera valor real y redibuja sectores productivos enteros, y es una revolución industrial, no solo una moda pasajera.

Como ocurre en todas las revoluciones, algunos ganarán y muchos se quedarán atrás. A corto plazo, el riesgo de correcciones es real: las cotizaciones están impulsadas por expectativas altísimas y tipos de interés todavía elevados; pero a largo plazo, la IA sigue siendo un pilar estratégico de la economía global. Para los inversores, la lección es clara: selección y paciencia. Mejor apostar por quienes están construyendo los cimientos de la inteligencia artificial, en lugar de por quienes prometen conquistarla. El mercado, por tanto, descuenta un crecimiento futuro enorme, pero no infinito. La IA no es solo hype: es la próxima infraestructura tecnológica global.

* Responsable comercial Hub primario grupo bancario, coordinador gestores privados y business

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