
¿Y si la burbuja de la Inteligencia Artificial tuviera el rostro de SpaceX?
Mientras la atención de los inversores sigue puesta en Nvidia y en los gigantes de la IA, el riesgo de burbuja podría concentrarse en SpaceX y en su ecosistema entre Starlink e inteligencia artificial
Desde hace más de dos años, el debate en los mercados financieros gira en torno a una sola pregunta: ¿estamos ante una nueva burbuja tecnológica alimentada por la inteligencia artificial?
por Vincenzo Lana
Las cotizaciones de las principales empresas del sector han alcanzado niveles que a algunos les recuerdan la euforia de las dot-com a finales de los años noventa. El entusiasmo de los inversores parece inagotable. Cada trimestre se anuncian nuevas inversiones multimillonarias, nuevos modelos de inteligencia artificial y nuevas promesas de revolución económica. Y, sin embargo, como suele ocurrir en los mercados, el riesgo quizá no esté donde todos lo están buscando.
Mientras la atención de los inversores se concentra en Nvidia, Microsoft, Alphabet y en las grandes protagonistas de la IA, una compañía está asumiendo rápidamente un papel cada vez más central en el imaginario financiero global: SpaceX. A primera vista, podría parecer una afirmación extraña. De hecho, SpaceX nace como una empresa aeroespacial, construye cohetes, gestiona satélites y desarrolla tecnologías para la exploración espacial. Sin embargo, en los últimos años, la compañía fundada por Elon Musk se ha transformado en algo mucho más amplio. A través de Starlink, la infraestructura satelital global, el vínculo cada vez mayor con el ecosistema de la inteligencia artificial y las operaciones que involucran IA, SpaceX es percibida hoy por los inversores como una apuesta sobre el futuro tecnológico en su conjunto.
Y es precisamente esta transformación la que merece atención, porque las grandes burbujas especulativas de la historia siempre han tenido un símbolo: en los años veinte fueron las grandes industrias estadounidenses; en 2000 fueron las empresas de Internet y en la última década fue Tesla. En todos los casos, el mecanismo ha sido siempre el mismo: una sola empresa o un pequeño grupo de empresas deja de representar únicamente una actividad económica y pasa a ser la encarnación de toda una visión del futuro; y hoy SpaceX parece encaminada a recorrer con rapidez ese mismo camino.
Los números ayudan a comprender la magnitud del fenómeno. Según las valoraciones más recientes, SpaceX vale más de 2.500.000 millones de dólares, una cifra que la sitúa entre las empresas más grandes que hayan existido. Para entender qué significa realmente este número conviene hacer una comparación. Walmart, el mayor minorista del planeta, genera más de 680.000 millones de dólares de facturación anual, emplea a más de dos millones de personas, opera en decenas de países y atiende cada semana a cientos de millones de clientes. Pese a ello, su capitalización bursátil es claramente inferior a la atribuida hoy a SpaceX, que registra ingresos del orden de algunas decenas de miles de millones de dólares – muy por debajo de los de Walmart - pero es valorada por el mercado en más del doble de Walmart. Naturalmente, esto no significa que SpaceX esté sobrevalorada. Sin embargo, una parte enorme de su valor depende de expectativas futuras aún por materializarse, y por tanto los inversores no están comprando lo que la empresa produce hoy, sino lo que creen que la empresa podría llegar a ser mañana. Y este es precisamente el terreno sobre el que nacen las burbujas especulativas.
El aspecto quizá más interesante es que el proceso de integración de SpaceX dentro de los mercados financieros tradicionales acaba de comenzar. En los últimos días se han lanzado los primeros ETF dedicados exclusivamente al valor, incluidos productos apalancados e instrumentos diseñados para amplificar los movimientos diarios de la acción. Al mismo tiempo, numerosos ETF temáticos y gestores están evaluando o iniciando la inclusión del valor en sus propios carteras. Por tanto, no estamos ante un fenómeno ya maduro; podríamos estar solo al principio. Este detalle es importante, porque la historia financiera enseña que los riesgos sistémicos tienden a crecer cuando el capital se concentra progresivamente en torno a unos pocos símbolos dominantes.
El matemático e investigador Didier Sornette (en la foto), que ha dedicado gran parte de su actividad científica al estudio de los mecanismos que conducen a la formación y al estallido de las burbujas financieras, describe en sus trabajos cómo los mercados pueden entrar en una fase de retroalimentación positiva en la que el aumento de los precios atrae a nuevos inversores, que empujan aún más al alza las cotizaciones, alimentando un ciclo auto-reforzante que se desvincula progresivamente de los fundamentales económicos. Según Sornette, el crecimiento acelerado de las valoraciones y la concentración del capital suelen representar señales características de las fases finales de una burbuja. Sus investigaciones ponen de relieve cómo los nodos más centrales del sistema financiero pueden convertirse en canales privilegiados de propagación del riesgo cuando el sentimiento de los inversores cambia de forma repentina.
Aquí es donde entra en juego la hipótesis más interesante: ¿qué ocurriría si SpaceX, después de convertirse en uno de los símbolos de la nueva economía tecnológica, sufriera una brusca corrección? Imaginemos un escenario puramente teórico, en el que el valor del título pierda un 50%. No sería un hecho sin precedentes. Amazon perdió más del 90% durante el estallido de la burbuja de Internet. Meta registró un drawdown superior al 70% entre 2021 y 2022. Tesla ha atravesado en varias ocasiones correcciones superiores al 50%. En un escenario así, los efectos directos afectarían ante todo a los inversores expuestos al valor. Pero el problema podría no quedarse ahí. Los ETF, de hecho, tendrían que reajustar sus posiciones, y los instrumentos apalancados amplificarían los movimientos. Los reembolsos de los inversores podrían generar nuevas ventas, y el sentimiento hacia los valores growth podría deteriorarse rápidamente.
Llegado ese punto, el mercado empezaría a plantearse una pregunta muy sencilla: si una de las empresas consideradas símbolo del futuro puede perder la mitad de su valor, ¿cuán sólidas son las valoraciones de todo el sector tecnológico? El riesgo principal no sería, por tanto, el daño económico provocado por el desplome de SpaceX en sí. El riesgo sería el cambio de la narrativa; y esto porque los mercados financieros no se mueven solo por los balances, se mueven por las expectativas, y cuando se rompe una narrativa dominante, el contagio psicológico puede extenderse mucho más rápido que los datos económicos. En este contexto, algunos modelos teóricos de contagio financiero sugieren que un evento de este tipo podría generar drawdown mucho más amplios que la pérdida inicial del título individual. En simulaciones extremas basadas en concentración de los ETF, correlaciones elevadas entre valores growth y deterioro simultáneo del sentimiento, la caída global de los mercados mundiales podría alcanzar niveles comprendidos entre el 20% y el 35%.
No se trata de una previsión. No existe ninguna institución financiera que haya publicado una estimación oficial de este tipo. Se trata exclusivamente de un escenario teórico construido aplicando conceptos derivados de los estudios sobre el contagio financiero y la propagación de las burbujas especulativas. La pregunta final, por tanto, no es si SpaceX vale hoy 2.500.000 millones de dólares; la pregunta es qué parte de ese valor representa ingresos futuros concretamente realizables y qué parte representa, en cambio, expectativas, entusiasmo y confianza. Porque todas las grandes burbujas de la historia han tenido una característica común, y es que nacieron cuando los inversores empezaron a creer que el futuro ya había llegado. Y si un día esa confianza llegara a resquebrajarse, SpaceX podría no ser la causa de la próxima corrección de la inteligencia artificial, pero sí podría convertirse en el principal vector a través del cual el riesgo se propagará al resto del mercado.
Descargo de responsabilidad.
Este artículo presenta exclusivamente análisis y escenarios hipotéticos. Las simulaciones de drawdown comprendidas entre el 20% y el 35% no constituyen previsiones de mercado ni estimaciones oficiales. Las referencias a los mecanismos de contagio financiero están inspiradas en la literatura académica sobre burbujas especulativas, en particular en los trabajos de Didier Sornette y colaboradores. No representan una previsión de la evolución futura de SpaceX ni de los mercados financieros.
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