
Vivir más tiempo, planificar mejor: la asesoría a prueba de la longevidad
Del EFPA Italia Meeting de Florencia surge un desafío que va más allá de las carteras: acompañar a las familias en la gestión de una vida más larga, entre necesidades asistenciales, autonomía económica y mayor transparencia en los costes
Vivir más tiempo cambia el significado del ahorro. El capital acumulado durante los años de trabajo debe acompañar una pensión potencialmente más larga, sostener necesidades familiares que se solapan y dejar espacio a gastos sanitarios y asistenciales difíciles de prever. En este terreno, la asesoría de inversión está llamada a demostrar su valor: en la capacidad de vincular las decisiones financieras con la vida de las personas, haciendo comprensibles los riesgos y sostenibles los objetivos. La decimoséptima edición del EFPA Italia Meeting, celebrada los días 21 y 22 de octubre en el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino, llevó esta transformación al centro del debate, bajo el título “Planning better, living longer. Tutto ha inizio da un punto”.
La longevidad cambia las preguntas de las familias
El cambio demográfico ofrece una medida concreta de la cuestión. Según Istat, al 1 de enero de 2026 las personas de al menos 65 años son unos 14,8 millones, una cuarta parte de la población italiana, mientras que las de al menos 85 años superan los 2,5 millones. Las previsiones con base 2025 indican que la proporción de mayores de 65 años podría alcanzar el 34,5% en 2050. Al mismo tiempo, las familias tenderán a ser más pequeñas y aumentará la presencia de personas que viven solas: una combinación que hace especialmente relevante la organización de la asistencia, además de su financiación.
Durante la mesa redonda “Leggiamo l’Italia”, con Giorgio De Rita, secretario general de Censis, Nicola Ardente, consejero de administración de EFPA Italia, y Giuseppe Milanese, presidente de Osa, la atención se centró precisamente en la relación entre envejecimiento, welfare y recursos privados. Una de las ideas más interesantes se refiere a la gradualidad con la que puede disminuir la autonomía. Antes de una situación de dependencia manifiesta pueden aparecer dificultades para desplazarse, gestionar la casa o acceder a los servicios. Son necesidades menos visibles que un gran episodio sanitario, pero pueden modificar progresivamente el presupuesto familiar y requerir soluciones organizativas duraderas.
De aquí se deriva una consecuencia para la planificación patrimonial: considerar solo las emergencias corre el riesgo de dejar desprotegida una parte importante de la vida cotidiana. Una ayuda doméstica más frecuente, una vivienda que adaptar o un familiar que reduce su actividad laboral para prestar asistencia inciden en los recursos disponibles incluso sin un ingreso hospitalario o una patología grave. En el análisis de una familia, por tanto, el patrimonio debe observarse junto con la red de relaciones, la situación habitacional y la disponibilidad real de personas que puedan intervenir. El mismo capital puede ofrecer distintos niveles de seguridad según estas condiciones.
Del ahorro a la capacidad de sostener los gastos
El tema de la longevidad obliga también a replantear la forma en que se cuenta la pensión. El momento en que termina la actividad laboral abre una fase en la que el patrimonio debe contribuir a los gastos, manteniendo capacidad de resistencia a lo largo del tiempo. El workshop de Flossbach von Storch abordó esta perspectiva preguntándose por la rentabilidad necesaria para sostener una vida más larga. Es una pregunta que cobra sentido cuando se conecta con el nivel de vida deseado y con los recursos ya disponibles, en lugar de tratarse como una búsqueda abstracta de la mejor rentabilidad.
En términos de planificación, aparece así el problema del decumulo, es decir, del uso progresivo del capital. La cuestión es cuánto retirar, con qué frecuencia y de qué recursos, teniendo en cuenta los ingresos de pensión y las necesidades previsibles. Incluso el orden en que se suceden subidas y bajadas puede ser relevante: verse obligado a vender inversiones durante una fase negativa para cubrir los gastos corrientes vuelve más delicada la gestión de la cartera. Es uno de los motivos por los que una estrategia diseñada durante los años de acumulación merece una nueva evaluación cuando cambian los ingresos y la relación entre aportaciones y retiradas.
En el frente asistencial, Milanese recordó la importancia de los servicios a domicilio, la prevención y un envejecimiento activo. Las coberturas de largo plazo pueden contribuir a la respuesta, pero su papel debe evaluarse sobre la base de las prestaciones efectivas: qué condiciones permiten acceder al beneficio, qué necesidades cubren y cuáles siguen recayendo en la familia. El capital, una cobertura de seguro y la disponibilidad de servicios en el territorio desempeñan funciones distintas. Una planificación creíble debe ponerlas en relación, evitando que la compra de un producto se confunda con la solución completa del problema.
El valor de la asesoría debe hacerse reconocible
La otra gran cuestión surgida en Florencia se refiere a la capacidad de los profesionales para explicar qué recibe el cliente a cambio del coste soportado. En su intervención, el presidente de EFPA Europe, Emanuele Maria Carluccio, vinculó la evolución europea de la disciplina de la inversión con la necesidad de hacer explícito el valor de la asesoría, señalando la remuneración por honorarios como una perspectiva para la profesión. Una posición que abre un debate sobre el contenido del servicio: qué actividades se realizan, con qué continuidad y respecto de qué necesidades del ahorrador.
La Retail Investment Strategy refuerza la atención a la relación entre costes y beneficios de los productos, a la transparencia y a los conflictos de interés. Sin embargo, conviene distinguir esta orientación de la previsión de un paso generalizado y obligatorio a los honorarios: el acuerdo europeo también contempla reglas más estrictas sobre las comisiones y los incentivos de distribución. Del mismo modo, julio de 2029, citado durante el Meeting como horizonte de aplicación, requiere ser leído a la luz de la finalización del procedimiento y de las disposiciones definitivas. La ficha del Parlamento Europeo consultada sitúa todavía la votación en el plenario de forma indicativa en noviembre de 2026.
El punto editorial y profesional sigue siendo, no obstante, actual: hacer transparentes los costes es indispensable, pero también hace falta describir con precisión el trabajo que los justifica. Para una familia, el valor de la asesoría puede residir en la identificación de una necesidad futura desatendida, en la verificación de la sostenibilidad de los gastos o en la coordinación entre inversión y protección. Son actividades que deben resultar reconocibles en la relación con el cliente y verificables en el tiempo. El debate sobre la remuneración adquiere así mayor concreción, porque se desplaza del modo de pago a la calidad y al alcance del encargo.
Más competencias, con la tecnología al servicio de las decisiones
En esta perspectiva se inscribe el anuncio de un recorrido anual que permitirá a los profesionales ya en posesión de la certificación EFA obtener también la certificación EFP. La ampliación de competencias cobra especial interés si permite leer conjuntamente necesidades financieras, familiares y previsionales, reconociendo también los casos en que es necesario involucrar a otros especialistas. La complejidad de las situaciones personales exige, en efecto, capacidad de coordinación y claridad sobre los límites de la propia intervención, además del conocimiento de las herramientas.
La profundización de Goldman Sachs Asset Management sobre el análisis de Big Data también se sitúa dentro de esta transformación. En la interpretación de sus implicaciones profesionales, la disponibilidad de herramientas analíticas más avanzadas puede hacer más articulada la comparación entre escenarios y carteras, pero deja al asesor la responsabilidad de comprender las prioridades de la persona y explicar las decisiones. Una necesidad asistencial, un apoyo económico a los hijos o el deseo de conservar la propia vivienda deben encontrar una traducción financiera comprensible: es en este paso donde la información se convierte en un servicio.
El legado más interesante del Meeting se refiere, por tanto, a la relación entre la duración de la vida y la función del patrimonio. Una familia puede poseer recursos considerables y, aun así, tener dificultades para utilizarlos cuando los necesita; puede centrarse en la transmisión a los herederos sin haber evaluado adecuadamente sus necesidades futuras. La longevidad exige abordar estas preguntas con antelación, mientras todavía existen tiempo y libertad para elegir. Para la asesoría, la prueba será transformar un horizonte de vida más largo en un proyecto económicamente sostenible, en el que rentabilidad, protección y autonomía encuentren un equilibrio concreto.
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